Comienzos

Puedo pasar una tarde mirándola y media vida pensándola; puedo quedarme absorto en la manera de sus ojos de tañir el horizonte, arellanarme en su modo inapelable de espabilarme la sonrisa con su súbito, y dejar a mi tiempo tendido en el jardín de sus letras febriles.

Hasta aquí todo es muy fácil; mi problema comienza cada vez que intento describirla, cada vez que intento desarmarla para ver de qué está hecha y comprender cómo es que se volvió una tempestad sobre mis ganas de lloverle. Cómo tira del gatillo cada vez que me saluda, cómo imposta su prosodia cada vez que se despide; cómo es que despide ese aroma a manzanilla y primavera que fascina a cada uno de mis años. Cómo amanece conmigo su risa de trigo y canela, cómo le sueño su aura de auroras boreales de cielo nocturno.

No sé bien qué voy a hacer con las ganas que le tengo, siendo que ya comenzaron a fugarse a través de mis fisuras, en los huecos de las tablas aprendidas a lo largo de la vida que por ahora me contienen. No sé qué será de mis palabras, tan desprovistas de aristas a golpe de paso del río. Por ahora quiero que sepa que me brota su silueta como manantial entre mis piedras, que usted aparece y se parece a todo lo que sueño, y que ya he comenzado a quererla, como se quiere a los comienzos que nos mojan las orillas.

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