No lecturas

Supongo que hay lugares que no es bueno visitar ni con la mirada. Verá usted, la memoria está fresca todavía, y cualquier movimiento en falso podría causar que no fragüe como es debido. Hay un acto de cuidado grandísimo en la no-lectura. Los símbolos pueden ser confusos, y la ropa volverse jirones al intentar atravesar el entrelíneas. Y hay heridas que es preciso no tocar para que puedan volverse cicatrices que cuenten historias verosímiles.

Leo poco, lento y mal. Pero si algo me han enseñado todas las letras que han pasado por mis ojos, es que la vida es demasiado corta como para insistir en cosas que nos cansan, nos duelen o no nos hacen bien. Me quedo con el petroglifo de las marcas ilegibles que quedaron en mi espalda. Con el eco de las cosas que se escribieron en silencio. Con la resma de palabras que quedaron por decirse. Con la vida en las solapas acariciando los ex-libris. Con los sueños hechos polvo que se cuela lento hacia hacia la parte baja de un reloj de arena al que cada vez me falta menos para darle vuelta y comenzar de nuevo.

Olor a verte


 
Me gusta pensar que voy a verte. No sé en qué lugar, ni en qué estación o circunstancia. No sé si hoy, mañana, en unos años o en alguna otra vida. No sé si siendo niños, jóvenes  o ancianos; en forma de personas, de agua de piedra, flor y tierra o lluvia y cielo. Sólo pensar que voy a verte de algún modo; en algún tiempo en que nuestros destinos coincidan nuevamente. Sólo pienso en eso. Me gusta pensar que voy a verte.
—Leunam 

Lugares de café

de modo que los mismos hechos que repitiéndose constituían para él motivo de felicidad, para ella eran causa de desasosiego; fuera de que siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección.
—Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas.

La perfección es un instante tan pequeño, que cuesta reconocerlo y asirse a él. Por eso casi todos germinan en algún lugar de la memoria que no teníamos previsto. Vengo a este café al menos una vez por mes. Lo hago en la mañana, antes de continuar con mi rutina del día. Es un sitio que suele estar muy concurrido, así que pido dos cafés, porque temo levantarme por el segundo y perder mi lugar. Lo bebo casi tibio, como el recuerdo de los días que cada vez se hacen más ligeros.

Miro alrededor las bugambilias, las macetas colgadas en las ventanas, los destellos de cielo tamizado a través de lo luido de las lonas. Miro hacia los lados de la calle, como si esperara a alguien aun teniendo la certeza de que no va a venir. Saco mi libreta y hago notas o dibujos, pero más por tener quieta la mirada y evitar que vague hacia lugares que ya no llevan a ninguna parte. El café es bastante bueno aunque nada extraordinario. Lo extraordinario dejó de encontrarse conmigo hace ya algún tiempo. Hay un momento, antes del final del primer vaso, en el que me siento un poco imbécil por venir —a veces en metro, cuando no circulo— a alborotarme la memoria, y me reprocho mi incapacidad para soltar y seguir hacia adelante. Me digo que está bien, que es un momento conmigo, pero casi todas las veces estoy que no me soporto, me caigo muy mal por pendejo, y me dan ganas de no hablarme el resto del día. También me digo que esto no es ningún ritual de nada, que a nadie le importa, que qué carajo gano con hacerlo, pero de alguna manera vuelvo el mes siguiente.

Espero no durar mucho aquí. Espero que se borre el mapa en el que alguna vez puse todas esas ilusiones que tenía sin estrenar. Espero que el sentido común haga lo suyo y me quite las ganas de venir. Espero que la memoria al fin acepte que hay instantes que no duran para siempre, y que es mejor guardarlos en algún lugar del corazón de esos que tocan la sonrisa. Tiro mis vasos de café y hago como puedo para seguir con mi día. Pero en eso pienso que el material con el que están hechos algunos sueños puede tardar miles de años en desaparecer, y que quizá debería llevar mi propio termo. De cualquier manera, siempre estoy tomando café y pensando en cosas que no van a pasar.

Mudanzas

Qué difícil es mudar a las personas al oscuro territorio del recuerdo. Es un duelo enorme, un zarzal de sensaciones y sentimientos encontrados. Algunas de ellas tenían un nombre, del que sólo quedan jirones en algunas de las ramas. Otras tenían rostro y oficio, de los cuales apenas queda el sutil aroma de sus intenciones.

Qué difícil es la construcción de la memoria. Puede llevarse uno la vida en ello y nunca queda del todo terminada. Mover a las personas al espacio negativo que grita lo que ya no está, implica todo un gasto de energía, de paciencia y de perdón con uno mismo. Implica honrar las razones por las que se fueron, por más que nos hayan parecido injustas o arbitrarias. Implica dejar que florezcan en la tierra de sus elecciones e imaginarlas desde lejos. Implica saber que la fragilidad no siempre es un recurso compartido.

Notas

Estoy furioso. Encabronado. Resentido. Siento una mezcla tremenda de rabia, frustración, ira y ganas de romper cosas. De hacer cosas violentas. De tomar el auto y estrellarme contra algo. De arremeter a puñetazos contra lo que sea. TENGO UNAS PINCHES GANAS PENDEJAS DE MENTAR MADRES Y MANDAR A TODO EL MUNDO A LA CHINGADA. Estoy que aúllo de cólera. Necesito calmarme. Pero no quiero. De verdad no quiero. Estoy llegando a mis límites. Estoy hasta la madre de sentirme vulnerable, y que abusen de mí y de mi mesura. ESTOY HASTA LA PUTA MADRE de sentirme como me siento. Escribir aquí es mi último reducto. Ojalá que no me encuentren los botones. Porque estoy a milímetros de reventar.