Comienzos

No sé por dónde comenzar. Acomodarle el cabello detrás de las orejas, como quien abre una cortina en la mañana para que su mundo interior se llene de sol sería una opción, de no ser porque casi siempre lo lleva fijo con un broche sencillo, sin más pretensiones ni ornamentos. Tendría que intentar no tambalearme cada vez que me descubro de cabeza en lo convexo de sus ojos, mientras hago como puedo para que mis ganas de besarle la sonrisa no se vuelvan evidentes y me arruinen la sorpresa. No sabría si contarle cómo últimamente se ha vuelto el epicentro del temblor en mis rodillas, o dejarme arrastrar por el tsunami que desata cada vez que apoya su barbilla en mi clavícula y su hálito se vuelve tempestad en mis oídos.

Estoy a nada de rendirme ante ese incontestable olor a primavera que desprende de su piel, y que de paso me desprende de la espalda todos esos años que supuestamente le llevo de ventaja, toda vez que ya asumí que prefiero derrumbarme en el intento antes que naufragar en la renuncia de llegar a salvo a la orilla de una isla perdida en las aguas apacibles de mi zona de confort. Tiempo habrá de sobra para que luego los pedazos se reunan y se puedan contar lo sucedido. Sólo sé que debo comenzar, así no sepa todavía cómo.

3 comentarios:

Gonzo Dlc dijo...

Perfecto.

Aránzazu عائشة dijo...

La magia de los comienzos siempre nos deja placenteramente derrumbados entre lo pensado más de lo debido y lo abandonado en el tiempo por no estropear el espacio.

Usted mira muy bonito.

Genrus dijo...

Uno debería tener espacio siempre para los comienzos. Muchas gracias por venir aquí a leerme.