De batalla

Otra vez estoy aquí. Solo, frente al teclado, y con todas las ideas hechas un desastre. Huelga decir que últimamente esto me ocurre más seguido de lo que estoy dispuesto a admitir. Los sentimientos joden más que las ideas. Suelen ser más persistentes y menos chapuceros, pero también mucho más renuentes a ser puestos en palabras.

Mucho tiempo me pregunté por qué había dejado de escribir en este blog. No sabía si era que los motivos que me llevaron a abrirlo se habían agotado, o si esa extraña (y a menudo inútil) obsesión mía por mantener mis ideas agrupadas por temas o categorías me había llevado a escribir más en otros lados. Trato de mantener el contenido 'narrativo' en mi blog blanco, cuando me permito ser cursi acudo a Tumblr, si tengo ganas de disfrazar mis pensamientos de aforismos y cortar cada 140 caracteres lo hago en Twitter, e incluso cuando tengo ganas de quejarme de algo sobre la marcha, voy y escribo en esa red casi muerta que es Heello.

Quise borrar este blog más de una vez. Primero, cuando sentí que esto de escribir poco me ayudaba a manejar o a comprender mi confusión; luego, cuando al fin resolví algunos años de frustración que me provocaba una idea (mucho tiempo juré que era una persona, no una idea), supuse que esta bitácora ya no tenía más razón de ser. Pero para entonces ya me había encariñado con ella, así que decidí seguir.

Cuídate

Cuídate de las mujeres encantadoras, porque por lo general están rodeadas de serpientes que obedecen sus órdenes sin vacilar.

(Cuídate también de las que crían cuervos, porque por lo general tienen bonitos ojos).

Cuídate de las mujeres que no le temen al espejo, porque pueden volverse infinitas si las colocas entre dos de ellos.

Pero sobretodo, cuídate de las mujeres imposibles, porque puedes quedar atrapado para siempre en su infalible don de la ubicuidad.

Hemisferios

Estoy un poco roto, molido, triste. La mujer con la que elegí formar una familia cada vez me presta menos atención. He tratado de llamarla, de pedirla, de ganarla, pero ya no lo consigo. Hace poco se la supliqué llorando. No puedo sentirme más extraño.

Yo tenía 19 años, 4 meses y 25 días cuando le pedí que fuera mi novia. Eso son 7 090 días, contando desde el día en que nací. Hoy hacen 7 091 días desde eso. Ya ha estado conmigo más de la mitad de mi vida. No sé si la vida se mide en hemisferios. Sólo puedo decir que duele atravesar ciertos ecuadores.

Palabras


Las palabras siempre alcanzan. Es sólo esa sensación de vacío de cada vez que no se nos ocurren adjetivos elocuentes... 


Mis palabras son un árbol junto a muchos otros. Mis palabras solas no podrán hacer jamás un bosque, pero si las dejas crecer puede ser que den un poco de aire y de sombra. Puede ser que pierdan hojas en otoño para recibir desnudas al invierno, porque saben que ya vendrá la primavera de tus ojos para hacerlas florecer.

Mis palabras son de aire: siempre podrás respirarlas, o simplemente desplegar las alas y apoyarte en ellas cada vez que quieras levantar el vuelo.

Mis palabras son de agua: siempre podrás beberlas, o simplemente verlas nacer entre mis piedras, cantar hasta llegar al mar, y luego evaporarse antes de precipitarse sobre ti.

Mis palabras son de madera: siempre podrás hacer un barco, o simplemente echarlas al fuego para hacer que ardan y te den un poco de calor.

Mis palabras son un recorrido; son promesa y son memoria. Simplemente son la carne viva de cada fragmento de cielo que tiembla cada vez que nos tocamos.