(ficciones portátiles para momentos álgidos)
Palabras
Las palabras siempre alcanzan. Es sólo esa sensación de vacío de cada vez que no se nos ocurren adjetivos elocuentes...
Mis palabras son un árbol junto a muchos otros. Mis palabras solas no podrán hacer jamás un bosque, pero si las dejas crecer puede ser que den un poco de aire y de sombra. Puede ser que pierdan hojas en otoño para recibir desnudas al invierno, porque saben que ya vendrá la primavera de tus ojos para hacerlas florecer.
Mis palabras son de aire: siempre podrás respirarlas, o simplemente desplegar las alas y apoyarte en ellas cada vez que quieras levantar el vuelo.
Mis palabras son de agua: siempre podrás beberlas, o simplemente verlas nacer entre mis piedras, cantar hasta llegar al mar, y luego evaporarse antes de precipitarse sobre ti.
Mis palabras son de madera: siempre podrás hacer un barco, o simplemente echarlas al fuego para hacer que ardan y te den un poco de calor.
Mis palabras son un recorrido; son promesa y son memoria. Simplemente son la carne viva de cada fragmento de cielo que tiembla cada vez que nos tocamos.
Tanto
Tanto estrépito para tan poca barahúnda
tanto ahínco para tan poca vehemencia
tanto frenesí para tan efímeros ímpetus
tantísimo arrebato para tan poquito arrojo
Tan larga está el alma y tan breve el espíritu.
tanto ahínco para tan poca vehemencia
tanto frenesí para tan efímeros ímpetus
tantísimo arrebato para tan poquito arrojo
Tan larga está el alma y tan breve el espíritu.
Encuentros
Y si ves que me gusta perderme, es con el ánimo de revivir ese placer irrepetible de haberte encontrado.
En ocasiones no se me ocurre qué hacer contigo, y entonces juego a perderme. Me dejo llevar por el vértigo de fingir que no te sé de memoria, para comenzar a tocarte de oído, y hacer como si estuvieras escondiéndote en el camino de regreso a la memoria que me incendia el corazón para llenarme con su luz y su calor.
Entonces comienzo a buscarte desde cada sensación que me provocas. Te encuentro en tu voz acariciándome las ganas, y en todos tus colores derramándose en mis tardes; en esa sonrisa tuya siendo sinalefa entre el fin de cada día y el principio del siguiente. Te busco desde cada amanecer entre mis sábanas, y te encuentro en una hoguera bajo cada poro de mi piel, y también alborotando el avispero de mis labios; te busco en todos esos accidentes que nacieron en tu geografía, y me sorprendes siendo el epicentro del temblor en mis rodillas. Encuentro tu mirada haciendo crepitar cada uno de mis huesos, y ese modo tuyo de morderte el labio efervesciendo en cada gota de mi sangre. Te encuentro en la complicidad de cada silencio que nos damos cada vez que nuestras palabras terminan extenuadas y tendidas.
Y al final de todo dejo de buscarte, porque sé que estás en todo eso que has sido para mí; en todo el tiempo que llegó para quedarnos, en cada instante que encontró su manera de volverse irremplazable, en cada truco inexplicable que aprendió a volverse parte de los hilos de la magia que nos teje las historias cada vez que nos tocamos.
Monstruos
Estoy cansado, claro
porque a esta altura uno tiene que estar cansado.
De qué estoy cansado, no lo sé;
y de nada serviría saberlo,
porque el cansancio seguiría igual.
La herida duele porque duele,
no en función de la causa que la ha abierto.
—Fernando Pessoa
porque a esta altura uno tiene que estar cansado.
De qué estoy cansado, no lo sé;
y de nada serviría saberlo,
porque el cansancio seguiría igual.
La herida duele porque duele,
no en función de la causa que la ha abierto.
—Fernando Pessoa
Perdí la cuenta de hace cuánto comencé con esta bitácora, toda vez que mis motivos iniciales comenzaron a esfumarse. Luego me di cuenta que todavía había cosas que seguían dándome comezón, como a veces pica una costra seca justo antes de volverse cicatriz. Comezones que tuve a bien llamar mis «mostros», y que fui haciendo mías a base de apego y desolvido.
Comencé a escribir como única salida y como último recurso, y fui llenándome de letras; letras que se me prendieron a la piel, y comenzaron a devorarme hasta la carne. No sé cómo, ni en qué momento, si pasó de súbito o gradualmente, pero fui volviéndome uno de esos monstruos sobre los que tanto escribí antes, a los que tanto maldije, de los que tanto me quejé amargamente. Esta noche tiré la primera mordida. No sé qué va a ser de mí ni de mi blog a partir de este momento.
