Migajas

No hay manera decorosa de romperse. Las habrá de desaparecer o de estallar, pero no conozco ninguna en la que encaje la ruptura. Algo ocurre cuando nos rompemos. No es sólo la pérdida de la cohesión entre nuestros fragmentos, sino reconciliarse con todos esos pedazos que somos. Con irlos reencontrando en medio del desorden. Con volver a prometerles que todo va a estar bien, con hacerles creer que volveremos a ser ellos. Con recogerlos todos, absolutamente todos para evitar el riesgo de que se conviertan en migajas.

Epitafios

 «Lo nuestro era un café y un beso. Alegrémonos porque llegó tan lejos»

Singularidad

¿Me puedes dejar de mandar a la chingada los días 26? Empiezo a tenerles miedo.

Regresivo

Digamos que vas en el tren.
Con alguien que sí,
que tiene una bomba en su cuerpo.
«Eventualmente esto va a explotar»,
te dice. Y ambos lo saben.

¿Has intentado desarmar una bomba?
El cine nos ha hecho creer
que hay un cable azul y uno rojo.
y que hay que elegir cuál cortar.
(en las películas siempre cortan el correcto
porque de no hacerlo se acaba la historia)

Una bomba tiene al menos 7 cables
y hay que quitarlos en orden.
Nunca sabes cuál es cuál
ni a qué está conectado.

Pero el tiempo se acaba 
(tu tiempo, no el tiempo)
te llenas las manos de intuición
y lo intentas.

Mientras tanto alguien

(ese alguien)
quiere saber si sabes
si puedes. Si quieres.

Y esa duda,
ese atisbo
es el último cable.

Y siempre es el rojo.

Desensamble

Siempre he sabido que amar no es suficiente. Pero siempre he creído que es el mejor de los comienzos.

No sé qué partes de la vida acomodarme cada vez que lo que elijo se me escurre de las manos. Nunca sé si asirme o si soltar, pero el demonio final de cada una (la obsesión y el desapego) me parecen lo bastante aterradores como para no tomarse en cuenta. El amor puede estar allí todo lo que quiera, pero hace falta una estructura para sostenerlo. Pude haber hecho un esquema más o menos funcional, pero aún me faltan muchas piezas. Y la intemperie no siempre te espera a ver si las reúnes antes de que todo lo demás se caiga.

Nunca he sabido bien qué hacer con mi tristeza. Me demanda muchísima atención y todavía no se me ocurre una manera eficaz de entretenerla. Puede ser que me deje escribir o hacer mis cosas un momento, pero se aburre y no se está tan quieta como yo quisiera. Jode, jode mucho. Se me encima, me estorba, se emberrincha; me pregunta cosas estúpidas, me cambia mis cosas de lugar y me atosiga hasta la jaqueca. Casi no duerme ni me deja hacerlo.

Afuera, el monstruo que sabe que lo que tengo para dar nunca es suficiente contempla la escena. Enciende un cigarrillo y sonríe con sorna. Sé que lo va a dejar a la mitad y sabe que yo iré a acabármelo. Nos conocemos bien desde hace mucho.