Causa

Te pareces demasiado a todo lo que recuerdo sobre Valentina. A todo el amor que le tengo a ese nombre, a ese sueño, a esa manera de mirar hacia la víspera de lo que se queda para siempre aunque haya sido sólo una vez.

Del lugar de la tristeza

Le cuento a la niña de 8 años que está de pie junto a su bicicleta:

Sé que no es lindo estar triste. No voy a decirte que no lo estés. ¿Sabes? Yo tenía tu edad cuando unos gandallas de mi escuela me arrojaron al tambo de basura del patio. Eran más grandes que yo y eran 4. Intenté resistirme como pude, pero pronto me di cuenta que no iba a funcionar, así que desistí. Cuando se marcharon, yo estaba de cabeza dentro del bote y por un momento me sentí como si ese fuera mi lugar. Que de algún modo yo «merecía» estar ahí y que no valía la pena moverse. Creo que así es como funciona la tristeza. De pronto te tiene de cabeza, a oscuras y sintiéndote culpable. Unos minutos después decidí salir. Me costó un poco de trabajo, pero lo logré. ¿Y sabes a qué conclusión llegué después de este episodio? Que aunque no es bonito y mucho menos cómodo, la tristeza es un lugar que nos acerca a nosotros mismos y de ahí nos hace fuertes.

Me acordé de ese episodio conforme se lo fui narrando. No sé si traerlo a cuento me funcionó mejor a mí o a ella. Lo que digo es que a veces adentrarse hacia ciertos lugares de la niñez puede ser de mucha ayuda. Desde ese día, pienso mucho en esa niña cada vez que yo me siento triste. Y ella no lo sabe, pero me acaricia las mejillas sin soltar las manos del manubrio.

Razones

Uno no siembra un árbol porque tenga fe en el futuro, sino porque a veces uno mismo necesita procurarse algo de sombra.

Uno no escribe un libro para hacerse un sitio en la posteridad, sino porque a veces la memoria necesita quién la guíe en la oscuridad.

Uno no tiene un hijo porque quiera repetirse, sino porque para amar, a veces es preciso escucharte el corazón latiendo en otro cuerpo.

Ella

Otra vez tengo ganas de morirme con tal de no pensar. Pero tendría que pensar en mi muerte, que desde hace algunos días sospecha que la engaño con otra. La siento buscando a hurtadillas marcas en mi cuello, en mi espalda y mis muñecas cuando cree que estoy dormido. Entre sueños la escucho levantarse de la cama, dirigirse a la cocina, causar algún estropicio y maldecir en voz baja mientras el microondas termina con su cuenta regresiva. Enciende un cigarrillo y abre la ventana. No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero sé que ha vuelto bajo las cobijas porque pone sobre mí sus pies helados y se envuelve con mis brazos.

Amanezco solo en la orilla de la cama. Tomo mi teléfono para mirar la hora y de paso para revisar las notificaciones. Todas las bandejas de mensajes están vacías, igual que las tres cuartas partes del clóset y casi todos los cajones. Debió haberse marchado muy temprano, cuidando no dejar rastro ni evidencia. Supe que era mi muerte porque le conté las costillas y también le faltabas.

De batalla

Otra vez estoy aquí. Solo, frente al teclado, y con todas las ideas hechas un desastre. Huelga decir que últimamente esto me ocurre más seguido de lo que estoy dispuesto a admitir. Los sentimientos joden más que las ideas. Suelen ser más persistentes y menos chapuceros, pero también mucho más renuentes a ser puestos en palabras.

Mucho tiempo me pregunté por qué había dejado de escribir en este blog. No sabía si era que los motivos que me llevaron a abrirlo se habían agotado, o si esa extraña (y a menudo inútil) obsesión mía por mantener mis ideas agrupadas por temas o categorías me había llevado a escribir más en otros lados. Trato de mantener el contenido 'narrativo' en mi blog blanco, cuando me permito ser cursi acudo a Tumblr, si tengo ganas de disfrazar mis pensamientos de aforismos y cortar cada 140 caracteres lo hago en Twitter, e incluso cuando tengo ganas de quejarme de algo sobre la marcha, voy y escribo en esa red casi muerta que es Heello.

Quise borrar este blog más de una vez. Primero, cuando sentí que esto de escribir poco me ayudaba a manejar o a comprender mi confusión; luego, cuando al fin resolví algunos años de frustración que me provocaba una idea (mucho tiempo juré que era una persona, no una idea), supuse que esta bitácora ya no tenía más razón de ser. Pero para entonces ya me había encariñado con ella, así que decidí seguir.