Razones

Uno no siembra un árbol porque tenga fe en el futuro, sino porque a veces uno mismo necesita procurarse algo de sombra.

Uno no escribe un libro para hacerse un sitio en la posteridad, sino porque a veces la memoria necesita quién la guíe en la oscuridad.

Uno no tiene un hijo porque quiera repetirse, sino porque para amar, a veces es preciso escucharte el corazón latiendo en otro cuerpo.

Ella

Otra vez tengo ganas de morirme con tal de no pensar. Pero tendría que pensar en mi muerte, que desde hace algunos días sospecha que la engaño con otra. La siento buscando a hurtadillas marcas en mi cuello, en mi espalda y mis muñecas cuando cree que estoy dormido. Entre sueños la escucho levantarse de la cama, dirigirse a la cocina, causar algún estropicio y maldecir en voz baja mientras el microondas termina con su cuenta regresiva. Enciende un cigarrillo y abre la ventana. No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero sé que ha vuelto bajo las cobijas porque pone sobre mí sus pies helados y se envuelve con mis brazos.

Amanezco solo en la orilla de la cama. Tomo mi teléfono para mirar la hora y de paso para revisar las notificaciones. Todas las bandejas de mensajes están vacías, igual que las tres cuartas partes del clóset y casi todos los cajones. Debió haberse marchado muy temprano, cuidando no dejar rastro ni evidencia. Supe que era mi muerte porque le conté las costillas y también le faltabas.

De batalla

Otra vez estoy aquí. Solo, frente al teclado, y con todas las ideas hechas un desastre. Huelga decir que últimamente esto me ocurre más seguido de lo que estoy dispuesto a admitir. Los sentimientos joden más que las ideas. Suelen ser más persistentes y menos chapuceros, pero también mucho más renuentes a ser puestos en palabras.

Mucho tiempo me pregunté por qué había dejado de escribir en este blog. No sabía si era que los motivos que me llevaron a abrirlo se habían agotado, o si esa extraña (y a menudo inútil) obsesión mía por mantener mis ideas agrupadas por temas o categorías me había llevado a escribir más en otros lados. Trato de mantener el contenido 'narrativo' en mi blog blanco, cuando me permito ser cursi acudo a Tumblr, si tengo ganas de disfrazar mis pensamientos de aforismos y cortar cada 140 caracteres lo hago en Twitter, e incluso cuando tengo ganas de quejarme de algo sobre la marcha, voy y escribo en esa red casi muerta que es Heello.

Quise borrar este blog más de una vez. Primero, cuando sentí que esto de escribir poco me ayudaba a manejar o a comprender mi confusión; luego, cuando al fin resolví algunos años de frustración que me provocaba una idea (mucho tiempo juré que era una persona, no una idea), supuse que esta bitácora ya no tenía más razón de ser. Pero para entonces ya me había encariñado con ella, así que decidí seguir.

Cuídate

Cuídate de las mujeres encantadoras, porque por lo general están rodeadas de serpientes que obedecen sus órdenes sin vacilar.

(Cuídate también de las que crían cuervos, porque por lo general tienen bonitos ojos).

Cuídate de las mujeres que no le temen al espejo, porque pueden volverse infinitas si las colocas entre dos de ellos.

Pero sobretodo, cuídate de las mujeres imposibles, porque puedes quedar atrapado para siempre en su infalible don de la ubicuidad.

Hemisferios

Estoy un poco roto, molido, triste. La mujer con la que elegí formar una familia cada vez me presta menos atención. He tratado de llamarla, de pedirla, de ganarla, pero ya no lo consigo. Hace poco se la supliqué llorando. No puedo sentirme más extraño.

Yo tenía 19 años, 4 meses y 25 días cuando le pedí que fuera mi novia. Eso son 7 090 días, contando desde el día en que nací. Hoy hacen 7 091 días desde eso. Ya ha estado conmigo más de la mitad de mi vida. No sé si la vida se mide en hemisferios. Sólo puedo decir que duele atravesar ciertos ecuadores.