A veces escribo


Rara vez acomodaba sus palabras con soltura, pero de algún modo conseguía parecerse a aquello que escribía.

A veces escribo no porque tenga algo interesante que decir, sino porque —como dijo Monterroso— en ciertas postergaciones puede pasársete la vida. A veces escribo porque necesito hacer un retrato del mundo; de ciertos instantes en el mundo que quiero quedarme en las manos. A veces simplemente lo hago como una forma de mimetizarme con aquello que va quedando de mí.

A veces escribo para evitar mis circunloquios orales, y para cobijar a mis palabras más recién llegadas; a veces lo hago porque la tinta es infinita y la saliva no. A veces escribo ligero para dejar que el viento desordene mis ideas y las lleve a donde quiera, y a veces lo hago de forma fangosa para llenar con letras todas las fisuras de silencios encarnados, para quitarme de la punta de los dedos esa picazón que me provocan. Rara vez escribo con reservas, por más tiempo que lleve apertrechando mis palabras.

No siempre lo hago con ímpetu o frenesí, pero siempre siempre escribo con ganas. Pero sobretodo, escribo menos con la intención de que me leas, y más con la esperanza de que un día te me salgas.

Identidad

La diferencia de edades puede convertirse en un abismo cuando eres demasiado joven. Después no son los años, sino todas las bifurcaciones que la vida nos plantea en momentos diferentes.

Si de algo estoy convencido después de todos estos años es de que la amé. La amé profundamente, la amé como sólo es posible amar cuando todavía no tienes tus prejuicios bien desarrollados, como cuando sabes que el cielo está allí tan al alcance de tus sueños. Sentí necesidad de decírselo. Sabía que tenía que hacerlo, es sólo que no sabía cómo. Lo estuve pensando un par de semanas, hasta que al fin tomé el teléfono, y la llamé. Y tras el tedioso protocolo de obligada cortesía se lo solté.

Quizá no elegí correctamente las palabras, quizá el nerviosismo desarticuló por completo mi discurso. Tengo la certeza de que ella sonreía todo el tiempo que duró mi balbuceo. ¿Ustedes han escuchado alguna vez una sonrisa? La voz se torna sutilmente más aguda, los silencios se hacen menos densos, el aire pasa a través de los labios de un modo distinto, no sé. No sabría explicarlo bien. Como sea, me escuchó con atención antes de interrumpirme con dulzura. Aquello no podía funcionar. Yo tenía 8 años y ella 14, que tal vez eran demasiados. No sé que tan en serio pudo haberse tomado mi declaración, pero respondió con una gentileza y una dulzura con la que no volví a ser rechazado nunca. Fue como si hubiera envuelto mis palabras en periódico para dejar que maduraran.


No supe más de ella luego de algunos años. Sólo sé que su nombre se me quedó grabado en lo más profundo e inocente de mi amor. Siempre tengo una sonrisa para cada vez que pienso en ella. Tampoco es casualidad que mi primera hija lleve un nombre igual al suyo.

Abril

Hola, blog. ¿Sabes? Me hace sentir un poco egoísta el tenerte tan abandonado. Sobretodo porque en estos últimos 4 años siempre estuviste allí cada vez que necesité escribir para intentar el desahogo. No estoy seguro. Quizá he sido derrotado por la paz interior (igual que los rusos al final de la guerra fría), y mis palabras dejaron de tener sentido y justificación (como todo ese arsenal militar soviético que quedó abandonado o fue revendido a precios de risa).

No es la primera vez que ocurre. Hace tal vez un par de años, escribí algo sobre que aunque había aprendido a convivir de manera cotidiana con mis mostros para así sobrellevar a los más feroces, otros habían nacido aquí en cautiverio, y que eran tan indefensos que abandonarlos significaría matarles. Eso se convirtió mucho tiempo un motivo para seguir escribiendo.

Podría alegar que mis estudios, el trabajo, la familia o la red de microblogging en 140 caracteres me tienen un poco alejado, pero eso sería mentirnos, y lo sabes. Me conoces demasiado. Quizá incluso mejor de lo que yo a mí mismo, así que ni siquiera vale la pena intentarlo. Vine solamente para avisar que no me he ido. Vine a dejar otro circunloquio para visitar en el futuro. Vine a esconder esa frase de Neruda donde dice que «podrán cortar todas las flores, pero no pueden detener la primavera», y a desear fervientemente que se cumpla.


Yo no

Se pueden escribir mares salados de tinta letra por letra. Uno nunca sabe cuál de entre todas las líneas que escribe podría aparecer en su obituario. Al final nos dejamos con todas las hojas en blanco.

Yo no habría podido elegir un texto tan cruel.

Se puede acariciar una guitarra hasta secarle la voz. Uno nunca sabe cuál de sus notas podría volverse tan tenue hasta quemar por completo el acorde. Al final nos quedamos con la misma melodía ahogada en la garganta.

Yo no habría podido elegir un silencio tan áspero
.

Se puede naufragar en la estulticia y entonces escribir un diario. Uno nunca sabe cuál entre todos los días es el que va a hacernos falta. Al final nos quedamos habitando una mañana que no supo cómo llegar.

Yo no habría podido elegir un horario tan rígido.

Se puede jugar a que nada pasó, y encontrarte de nuevo sonriéndome. Uno nunca sabe cuál de todos sus yerros puede volverse en su contra. Al final nos quedamos guardados en un álbum sin fotos.

Yo no habría podido elegir una imagen tan mala.

Extraño

Era el anhelo de historias contadas a través de esos prístinos ojos de follaje tan recién amanecido en las montañas que señalan la frontera.

Eran sus manos origen del vaivén de un remolino cadencioso que inundaba el edificio con su aroma inconfundible a sopa de fideo recién hecha.

Eran sus pasos las tardes de lluvia que hacen cantar las baldosas y que dejan dibujar en la ventana sonrisas de tantos sueños que comienzan.

Era un viaje a tantos portentos y tantos prodigios que iniciaba izando manteles blancos y todavía húmedos de historias pasadas de sobremesa.

Era su sonrisa un arpegio dulce que paró hasta que las flores en su delantal se marchitaron y su canto se marchó hacia un lugar desconocido.

Érase una vez Virginia Angelina. Es que pasan los años, y todavía la extraño.


*Otra vez mis tuits convertidos a entrada de blog. Capítulos de 140 caracteres y sin comas.