Naufragios

Quizá hasta podríamos despojar a los fantasmas de sus sábanas para usarlas como velas que nos salven del naufragio silencioso donde estamos. El horizonte que miramos cada uno desde su ventana sigue allí y se resiste a envejecer como nosotros.

Unicornios

—Por favor, dibújame un unicornio.

Intenté todo lo que mi habilidad me permitió; desde lo más figurativo hasta lo más abstracto. Incluso el viejo truco de la caja con agujeros que tan bien le funcionó a Antoine De Saint-Exúpery. Pero ninguno de mis dibujos la satisfizo, y yo comencé a impacientarme. Me miró con compasión y fue a buscar en su caja de juguetes. Regresó con un rinoceronte que colocó suavemente sobre la palma de mi mano.

—Para que nunca se te olvide cómo son los unicornios, papi— dijo, al tiempo que empujó dulcemente mis dedos para cerrarme la mano. Me dio un beso en la mejilla y se fue a saltar la cuerda, mientras me quedé reflexionando acerca de lo poco que conozco sobre zoología quimérica.

Galenos

Miré mi receta con sospecha. La hermosa mujer de la bata blanca no podía ser doctora; tenía una caligrafía perfecta. La miré a los ojos, y se lo dije; fue entonces que me invitó a salir.

De su consultorio. Inmediatamente.

Desafíos.

Nos miramos fijamente.
Ella desenfunda un lápiz
con su zurda inapelable,
y yo esgrimo mi bolígrafo.
Vuelan nubes de grafito y corre tinta.

Mi hija y yo nos tomamos esto del dibujo como algo muy en serio.

Malogrado

(Aquí yacen los restos de una entrada que quedó atrapada en los caprichos de la tempestad y de la calma, del viaje y del retorno, de la zozobra de palabras que no aprovecharon el momento oportuno de escapar).