(ficciones portátiles para momentos álgidos)
Etcétera
Quisiera decirte muchas cosas. Sin endulzar demasiado las palabras, porque sé lo fácil que es que te empalaguen; sin tratar de hablarte bonito para no hacerte sospechar. Acariciar tu piel con trazos tenues, como de un pincel de cerdas suaves, apenas húmedo y quizá hasta frío. Recorrerte con un circunloquio que comience en la punta de tus dedos, que camine hasta tus hombros, descienda por el arco de tu espalda y se bifurque, que haga que el etcétera que sigue sea más largo que la noche. Que amanezca y sepas que sigo pendiente; no de todos tus silencios, porque también sé cuánto odias sentirte acaparada, pero sí de esas pausas pequeñitas que me correspondes, de ese cielo a cuentagotas por el que me llevas cada vez que me miras a los ojos y sonríes.
Recorrido
Y como otras veces, el silencio de la noche me sorprende atrapado en mis propios pensamientos. Me encantaría tener el don de la elocuencia para describirte cómo me siento. Pero las palabras me resultan ásperas y hostiles —algunas—, débiles y huecas —otras—. Intenté dibujarte como antes lo hacía, en el aire, sobre mis sueños; pero la tinta de mis dedos se atascó en lo árido de mi necesidad de olvido, justo en el ombligo de mis ansias.
Algún tiempo estuve jugando a pretender que no importaba, que se trataba de ignorar a mi ego hasta que simplemente se callara. Por un tiempo funcionó tan bien, que llegué a creer que te habías marchado, hasta que de casualidad me topé contigo en un rincón de mi garganta, a flote sobre el agitado río de todas esas cosas que al final no te dije.
El ruido del amanecer me sorprende varado sobre la laguna de todo esto que no he sabido cómo explicarte y que ni siquiera he podido escribir. Ojalá que allá donde te encuentras, no tengas tiempo para siquiera preguntártelo.
Algún tiempo estuve jugando a pretender que no importaba, que se trataba de ignorar a mi ego hasta que simplemente se callara. Por un tiempo funcionó tan bien, que llegué a creer que te habías marchado, hasta que de casualidad me topé contigo en un rincón de mi garganta, a flote sobre el agitado río de todas esas cosas que al final no te dije.
El ruido del amanecer me sorprende varado sobre la laguna de todo esto que no he sabido cómo explicarte y que ni siquiera he podido escribir. Ojalá que allá donde te encuentras, no tengas tiempo para siquiera preguntártelo.
Gourmet
Hubo días que estuve lleno de palabras que he tenido que tragarme y que a veces es difícil digerir. Palabras que estuvieron presas en mi boca y que tuve que ahogar en mi garganta, hasta que las aguas se tornaron serenas. Dejaron de soplar esos 4 vientos a los cuales arrojarlas; las estrellas se volvieron serias y distantes, y estuve demasiado lejos del borde del abismo como para simplemente dejarme caer.
Otros, en cambio, fueron llenos de silencios amarguísimos; estridentes y repletos de todo lo que nos callamos y mentimos, de los vacíos que nos causamos, de la forma en que lentamente erosionamos los pretextos hasta quedar lo suficientemente lejos como para poder jugar a no reconocernos.
No falla que incluso cuando más alegremente veo la primavera, me topo con uno que otro pedacito de desierto, que me sabe como un plato de verduras congeladas. Esta vez no tengo ganas de derretirlas en mi boca. Y por eso me la lleno de palabras, aunque luego me las tenga que tragar de nuevo. Desde luego no quisiera, pero creo que ya estoy acostumbrado.
Otros, en cambio, fueron llenos de silencios amarguísimos; estridentes y repletos de todo lo que nos callamos y mentimos, de los vacíos que nos causamos, de la forma en que lentamente erosionamos los pretextos hasta quedar lo suficientemente lejos como para poder jugar a no reconocernos.
No falla que incluso cuando más alegremente veo la primavera, me topo con uno que otro pedacito de desierto, que me sabe como un plato de verduras congeladas. Esta vez no tengo ganas de derretirlas en mi boca. Y por eso me la lleno de palabras, aunque luego me las tenga que tragar de nuevo. Desde luego no quisiera, pero creo que ya estoy acostumbrado.
60º
Sé muy bien que no funciona; pero en esas ocasiones donde intento pretender que no me haces tanta falta, no me agobia la distancia sino el tiempo: como cada vez que viajas a un futuro no tan lejano como para darte atisbos de destino, pero sí lo suficiente para mirar el amanecer antes que yo, y contarme el final de un película que hemos visto muchas veces.
El asunto no es que vayas y vengas, sino todo el tiempo que te llevas contigo en el trayecto. Me haces sentir como la manecilla pequeña, girando lentamente, esperando el siguiente momento en que nos toque coincidir.
El asunto no es que vayas y vengas, sino todo el tiempo que te llevas contigo en el trayecto. Me haces sentir como la manecilla pequeña, girando lentamente, esperando el siguiente momento en que nos toque coincidir.
Visitas
Por estas fechas es cuando extraño el olor a nuevo que desprenden los tulipanes amarillos recién dibujados.