Smaug y Alicia

—¿Y este dragón?—, preguntó la pequeña Alicia, sacudiendo con el antebrazo el polvo de una pieza que había hecho hace algún tiempo, y que casualmente apareció mientras me ayudaba a reorganizar los estantes con pinturas, estiques, pinceles y accesorios varios.

Es Smaug; sin duda, el favorito de mis mostros. Omnipresente, recurrente y seguro de sí mismo; sabía perfectamente cómo convertir el espacio en una parábola para arrastrarlo todo hacia sí, el punto más débil dónde tocar para tirar abajo cualquier fortaleza, cómo causar un incendio dantesco exhalando una llamarada mínima. Invencible, infranqueable. Siempre un paso adelante de todo intento por vencerlo, siempre invulnerable a todo ataque conocido. Fascinante, de verdad.

—Pero, ¿un dragón?— interrumpe Alicia. —Nunca han sido tus criaturas favoritas; o al menos no que yo sepa. ¿Cómo fue que éste sí lo consiguió?

La verdad es que a mí tampoco me llamaban mucho la atención. Encontraba aburridas e innecesariamente largas todas esas historias de lugares y seres fantásticos con nombres raros, edades inverosímiles, y rivalidades de casta antiquísimas. Pero casualmente me enteré de que Smaug guardaba celosamente un secreto. Intenté descubrirlo, y casi sin darme cuenta, se volvió una suerte de desafío. Pero siempre terminó siendo más difícil de lo que creí. Fracasé recurrentemente intentando desde lo ridículamente básico, hasta lo jodidamente complejo; incluso en aquellos momentos en donde pensaba en renunciar, se paseaba desafiante, por el borde del hechizo que le protegía. Me hacía creer que ahora sí, estaba a mi merced. —Venga. Una más. Esta es la ocasión que esperaba; nada puede fallar ahora. Una y mil veces me hacía esa finta, mil veces y dos más, me la tragaba. Alicia escuchaba con atención, y me sirvió otra taza de té. Así que proseguí con mi relato...


Greta (Samsa)

Tenía muchas ganas de llorar. De nuevo las cosas no habían salido como yo esperaba; en esa ocasión en particular, me sentía abatido más por la frecuencia que por la potencia de aquello que me causaba el llanto. Instalado en el drama y con pensamientos difusos, de pronto comencé a prestarle atención a la música de violines (imprescindible en toda escena de depresión estándar) que se escuchaba de fondo.

—¿Eso que tocas es de Beethoven?— pregunté en voz alta. Greta no contestó.

Tampoco es que fuera relevante. Disto mucho de ser un experto en música, menos aún si se trata de violín; de hecho, si alguien me tomara por sorpresa, en la calle y me preguntara "Menciona un violinista famoso", sin duda el primer nombre que arrojaría sería el de Lazlo Lozla. Resolví que lo mejor era mantener la boca cerrada, y me acerqué un poco para escuchar mejor.

Chau #3

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Pandora


...la caja que trajo Pandora es la de los males y se piensa que el mal que guarda en el fondo es la mayor de las felicidades: se trata de la esperanza.[...] Por eso dio al hombre la esperanza que es, en realidad, el peor de los males, ya que prolonga el tormento de los hombres.
—Nietzsche, "Humano, demasiado humano".



Pero no hay engaño en todo esto. Debajo, con letra no tan pequeña puede leerse esa advertencia. Sin embargo ¡Resulta tan sencillo abrirla con un click! Por más que intento envolverla en contraseñas acrónimas, sigue sonriéndome y guiñándome el ojo de su cerradura...

Belgrado

No importa si se tratase de política o amores, o de aparentes sinrazones; cualquier discusión, llevaba siempre a bombardear Belgrado.

Las alarmas suenan tardías; grandes nubes de humo se levantan, y el fuego devora con su monólogo atronador piedras que ya antes han atestiguado incontables asedios. Y aunque habrá alguien quien las ponga otra vez en su sitio, las marcas conservan aún muchas historias. Hasta que un día, Belgrado se cansó de ser Belgrado.